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Presentación

Enviado por Aprendizaje en Arcos el 05/05/2008 a las 06:26 PM

 

Arcos es un Instituto profesional con 27 años de existencia y hemos inicado este blog para compartir acerca de nuestras experiencias en el aprendizaje y sus dificultades. Te invito a participar. Iniciamos esta conversación con el texto que sigue a continuación.

Enemigos del aprendizaje

Se dice comúnmente que el ser humano está dispuesto para el conocimiento, que el conocimiento es “desinteresado”, pues busca la verdad de las cosas. El conocimiento, decimos, describe lo que las cosas son (entre ellas lo que nosotros somos). Y el lenguaje, por tanto, lo entendemos como instrumento de nuestro entendimiento, como herramienta que describe el mundo “externo” y/o nuestra “interioridad” (sentimientos).

Démosle una nueva vuelta a este asunto. Darle una vuelta significa volver a pensar en lo que allí se dice y hace. Si decimos que el ser humano conoce, estamos afirmando que el ser humano entiende, que ser humano puede explicar los sucesos de la vida. Pero, ¿qué entendemos por entender? Podríamos desbrozar una serie de explicaciones para reducir el entendimiento a una serie de factores. Pero explicándonos el entendimiento ¿estamos entendiendo?

Entonces repetimos la pregunta ¿qué queremos decir cuando afirmamos que entendemos de algo, por ejemplo, que entiendo de educación? Para llegar a este entendimiento de lo que es educar requerimos de un aprendizaje. Pero ya hemos llegado a puerto seguro. Es hora de sentarse y descansar los pies.

Si aprender es un camino podríamos pensar que nos indica un movimiento leve. Aprender puede indicarnos una apertura. Una apertura a eso que queremos aprender. Pero una apertura que trae finalmente una clausura, luego del proceso de aprendizaje que trae el conocimiento final de algo (la explicación final de lo que es educar).

Pensemos en el aprendizaje. ¿Es un camino que desemboca en un puerto seguro? Si no es así, que queremos decir cuando afirmamos que sabemos de algo. Este saber, ¿habla de lo que se sabe-es decir de la educación- o del que dice saber? Si aprender es una apertura, nos preguntamos ¿apertura a qué? Tal vez, sencillamente, apertura al aprender mismo. Y si este fuese el caso, aprender no sería un camino que nos lleva a un conocimiento seguro de las cosas, sino una competencia primordial de los seres humanos en su modo de habitar el mundo.

Si el aprendizaje implica un movimiento de apertura, si nos exige una disposición de involucramiento en aquello que se aprende, tal vez explicar y describir las cosas sea un movimiento secundario, es decir, un aseguramiento de lo aprendido, pero no el aprender mismo (como tampoco algo desinteresado sino un movimiento involucrado). El aprendizaje, más que ser un medio para explicar la vida, podría ser una disposición en donde la vida misma hace irrupción. Y el aseguramiento tal vez implique, no una apertura sino una clausura. Una clausura precisamente al aprendizaje, es decir, a la vida misma.

Pensemos en algo sencillo. Por ejemplo, si nos dan de probar un fruto seco desconocido, ¿cuál es nuestra primera reacción? Tal vez, más de uno de nosotros rápidamente nombra algo que se le parezca (algo que ya hemos probado, algo que ya conocemos), lo reduce a lo ya conocido. En otras palabras, nos cerramos a lo nuevo que lo desconocido nos regala. ¿Cuántas posibilidades cotidianas hemos perdido por este movimiento de clausura? ¿Cuáles son nuestras explicaciones, reacciones, respuestas, actitudes, que tenemos a mano para “aprender” (saber de) la vida? A nuestras disposiciones de clausura las denominamos aquí “enemigos del aprendizaje”.

Nos declaramos ignorantes. Inclusive a veces ciegos. Preguntémonos, una vez más, qué significa aprender. Preguntémonos una vez más, cuáles son nuestros enemigos del aprendizaje más corrientes. Es difícil verlos, pues posiblemente se nos han transparentado en nuestros hábitos emocionales, corporales e intelectuales. Sin embargo tal vez en esta pregunta radique una posibilidad de trasformación en todo nuestro cuerpo de conocimiento, en nuestras prácticas educativas y cotidianas y en nuestra convivencia. La invitación está hecha. Arriesguémonos a ver. Dispongámonos a la posibilidad de cambiar.

Luis Felipe Oyarzún

Coordinador del Departamento de Desarrollo Académico

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